lunes, 14 de enero de 2013

Las razzias laborales: territorio de conquista ética y tecnológica

Siempre hubo algunas cuestiones históricas que estimularon mi curiosidad por lo inexplicable de los sucesos que se relatan. Sin embargo, tratándose de acontecimientos históricos verificables y verificados no era posible dudar de que realmente ocurrieron. Pero,... ¿por qué?
Por ejemplo, ¿por qué la Reconquista española duró tantos siglos? ¿Es que no hubo un bando en litigio predominante? No parece que esta sea una razón relevante, ya que la conquista árabe se produjo en pocos años y ello produciría una significativa reducción de fuerzas en los reinos cristianos. ¿Es que no había demasiado interés por alterar el equilibrio de fuerzas? Para averiguarlo, tendríamos que peregrinar a los montes asturianos para preguntarle a Don Pelayo sobre los detalles de la cuestión.

Vivimos tiempos en que es necesario hacer más por menos, aforismo que oigo casi a diario, pero que no resiste un análisis profundo porque llegaríamos a una situación en donde habría que hacerlo todo por nada, lo que es absurdo. Es un pensamiento del mismo estilo a "todo es relativo", violando lo que se afirma en la misma afirmación.
Esta crisis puede tener orígenes más o menos conocidos como el financiero, pero todos sabemos que su fondo está coloreado de cambios sistemáticos: no es tanto una crisis de valores cuanto de unos valores en crisis. En el fondo porque los valores carecen de "valor" si no se sustancian en personas concretas, en ésta o en aquélla. Es decir, el valor debe encarnarse en una virtud. Los valores son propiedades de las naturalezas, de los procesos, de las tendencias, de las intuiciones y de las reflexiones, mientras que las virtudes son cualidades de las personas. Individuos racionales concretos que, intentando alcanzar el valor concreto que admiran, se inscriben en un proceso de desarrollo personal, que les hace crecer a ellos mismos y mejorar al entorno en el que operan, piensan, intuyen y reflexionan.

Los valores son lugares sociales admirables pero vacíos de contenido, mientras que las virtudes son los modos personales que llenan el espacio vacío de cada valor. Nada más absurdo que hablar de los "valores en sí", si no hay una deriva de pensamiento que haga fértiles y conduzca a los "valores en mí".

En las empresas actuales se han adoptado valores como productividad, reducción de costes, incremento de la flexibilidad, innovación, competitividad, outsourcing, etc. En sí mismo, no hay nada que objetar. De hecho, estos valores forman parte de su ADN, les permite sobrevivir y poder seguir cumpliendo la importantísima función que la sociedad les asigna y que -jurídicamente- el Estado les reconoce. Se trata de valores en sí.

Los ordenamientos legislativos reconocen a las empresas como personas jurídicas y, por tanto, de algún modo se les puede exigir un cierto grado de "virtud jurídica", es decir, la incorporación de los valores sociales a un modo cultural corporativo en que a través de esos valores se consigan los fines tanto de la empresa como tal como de cuantos la componen, las personas que se relacionan con ella o que incluso forman parte de ella. Es la noción más básica de bien común.
Esta es una tarea de todos, pero especialmente de quienes tienen un alto grado de responsabilidad en su organización y dirección en las corporaciones, por ello la falta de cultura empresarial siendo un pecado de todos, se singulariza significativamente en el entorno directivo, que se convierte en meramente ejecutivo abandonando lo que es propio del directivo (que no del ejecutivo), que es su capacidad de liderazgo y de ponerse al frente del cambio.

Cuando una empresa se encuentra sobrecargada y decide ponerse a dieta, lo que hace es lo que técnicamente se denomina un down-sizing, es decir, una cura de adelgazamiento. Es el momento de poner en marcha alarmas que vigilen exhaustivamente el cumplimiento de todos y cada uno de los valores que conforman la cultura empresarial, para que la dieta no acabe en desnutrición. Pero, no está de más preguntarse ¿por qué la corporación empresarial había llegado a tal nivel de obesidad? A veces la empresa se encuentra pasada de kilos porque su competencia ha adelgazado y se quiere poner a la moda reforzando el valor de la competitividad, valor que en sí es saludable, pero no el único. Otras veces, efectivamente hay un exceso de peso que puede tener su origen en causas variadas: legislaciones demasiado permisivas, presiones totalitarias de ciertos agentes sociales, disminución del número de clientes, cambios en los gustos y necesidades de los potenciales compradores, situaciones de competencia desleal, exagerado afán de lucro, falta de competencia y de competitividad de empleados, etc.
Hay que tener en cuenta que la tecnología puede ser causa tanto del problema como de la solución: en sí es un factor aséptico, pero fácilmente manipulable para que tome partido en una u otra dirección. A título tecnológico he visto contrataciones masivas y también despidos multitudinarios.

Frecuentemente se ha acuñado un eufemismo para referirse al down-sizing: se trata del right-sizing o resizing. Se señala, que el resizing se refiere a volver a dimensionar o medir. Se podría decir que surge a consecuencia de una política de down-sizing que ha producido un déficit de productividad o incremento de resultados negativos. Aparece como un gran avance pero mejora sólo parcialmente el funcionamiento, la productividad y la eficiencia de las organizaciones. El resizing no sólo es una adecuación de los procesos, sino que es una verdadera reinvención de la empresa.
Una empresa no coge sobrepeso de manera instantánea, por eso cabe preguntarse ¿qué hizo que el nivel directivo se abandonara y dejara ir acumulando tejido adiposo en el perímetro empresarial? ¿Acaso se pensaba que con la crisis los kilos iban a ser también recortados y tener menos de 1000 gramos?

Comenta Pemán en su "Historia de España comentada con sencillez", reeditada recientemente por Homolegens, que una de las razones por las que duró tanto la Reconquista española reside en la realidad social de la España árabe:
"Arriba, al norte, una zona cristiana. Enfrente, cubriendo el resto de España, una zona que llaman árabe, y que, aunque sometida a estos, era cada vez más española de sangre y más original de vida y civilización. Durante los primeros siglos de dominación, no puede decirse que entre ambas zonas hubiera una guerra organizada y constante. Estaban frente a frente ocupadas cada una más en sus luchas interiores, que en unas compañas a fondo contra los de enfrente. No había más que por una y otra parte más que razzias o excursiones aisladas, que arrasaban las tierras que podían, sin conservarlas ni quedarse con ellas. Pero un plan de conjunto y una voluntad continuada faltaba en los dos lados: ni los cristianos tienen aun una idea clara de reconquista, ni de conquista la tenían los moros."
Conozco empresarios y a representantes de los llamados agente sociales que se han dejado salud y patrimonio para defender sus empresas y a sus empleados: me causan profunda admiración. Como también conozco a quienes no han tenido inconveniente en aprovecharse de situaciones delicadas, que han mentido como demonios para sacar partido de nuevas tierras de conquista, e incluso a trabajadores ávidos de los puestos de trabajo de sus compañeros. Porque las malas artes no son patrimonio de una función laboral específica, ni del color del capital, ni de ciertos sectores productivos específicos, sino que pueden afectar a todo individuo de la especie humana, porque es una cuestión deficitaria de virtud. Y me sobran los casos en que se justifican actos injustos en aras de un progreso tecnológico. Desde aquí reivindico la tecnología como cauce y ensayo de una posible ayuda a la solución.
Por ello, y sin pretender ningún juicio crítico, dedico este artículo a muchos me rodean que han sido objeto de un rigth-sizing y a cuantos se encuentran en situaciones similares. Y, rindo homenaje a quienes, extremando la delicadeza, pelean para que esos procesos no produzcan injustificadas injusticias.
Algunas de estas situaciones que se producen dentro de las empresas, sometidas a regulaciones laborales exigentes, se me antojan como razzias medievales en los que unos y otros agentes mantienen una situación de connivencia sin pensar demasiado en los pobres que, después de las correrías, no tienen más remedio que observar sus tierras arrasadas: son campos sembrados de valores y yermos de virtud.

Alfredo Abad Domingo.
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