jueves, 21 de marzo de 2013

La conexión a tierra de la tecnología


De la electricidad y las madonnas de Rafael

Cierro la puerta de mi automóvil y, de manera instantánea, me recorre una descarga eléctrica que pone mi brazo a temblar, incontroladamente. Esto me obliga involuntariamente a lanzar las llaves, que todavía llevo en la mano, a unos metros de distancia: otra vez... ¡Ya me ha dado calambre!

No sé si el lector habrá vivido alguna vez esta situación de la vida corriente, más eléctrica que ordinaria, pero a mi me recuerda siempre la "obsesión" que teníamos -aquellos tiempos de jóvenes estudiantes universitarios- en el laboratorio de electricidad y electrónica por conectarlo todo a tierra. Precisamente porque al vehículo le falta una conexión a tierra es por lo que se carga de electricidad estática y, luego, se descarga por donde puede, es decir, a través del incauto conductor.

Quizás el lector conozca un cuadro de Rafael Sanzio titulado la "Virgen de la silla" (Madonna della seggiola), una de las muchas madonnas que creara el colorista pintor renacentista. Se trata de una pintura al óleo sobre tabla redonda de unos 70 cm de diámetro, que muestra a la Virgen, abrazando al Niño Jesús mientras que Juan Bautista, que le acompaña les dirige una mirada repleta de piedad.

A priori, podríamos opinar que es una obra artística que nos agrada o no; probablemente nos gustaría por el hecho de que está firmada por el insigne Rafael o por la connotación religiosa y maternal que sugiere, sin embargo, es una de las pinturas que se suelen poner como ejemplo para argumentar que el arte figurativo no puede prescindir de del sistema compositivo, en este caso, de tipo excéntrico.

La composición de tu vida

En la composición se hace un uso intensivo de la línea curva, como no podía ser de otro modo al ser la tabla circular. El autor deforma la composición para que todos los elementos queden integrados (véase, por ejemplo, el torcido cuello de la Virgen o el entrecruzamiento de brazos y piernas).

Sin embargo hay un elemento en la escena, que -casi imperceptible- alegóricamente impide que el cuadro eche a rodar por sí solo sobre la hipotética línea horizontal en la que descansa: el mástil de la silla. Este es justamente, el elemento que proporciona el sentido de la verticalidad y el que concede a la escena su clave de interpretación compositiva. Su función es la de freno de mano del círculo que pretende girar y girar sobre el suelo. Digamos que es la conexión a tierra de esta representación pictórica, a la que Rafael le concedió tanta importancia que pasó a formar parte del título de la obra.

Querido lector, ¿te habías dado cuenta -antes de leer esta reflexión- de la importancia de este brazo de la silla en el cuadro?
Virgen de la silla. Rafael Sanzio, 1513-1514. Óleo sobre tabla, 71 cm x 71 cm. Palacio Pitti, Florencia, Italia.

Con la tecnología sucede algo semejante: la utilizamos de manera indiscriminada. Incluso nos parece que quien no la utiliza, intensiva y extensivamente, es un individuo anacrónico, casi un bohemio, un monje budista o un despegado estoico. Pero,... Hay un pero.

Mucha o poca tecnología no es algo demasiado significativo en la composición de tu vida: sencillamente estás colocando estratégicamente las figuras en el cuadro para realizar una composición, pero estas figuras por sí solas -como hemos visto antes- no hacen la obra de arte. Te esforzarás, para no ser señalado o etiquetado, en integrar toda tu existencia en un marco tecnológico. Todo lo que antes hacías de manera natural, ahora no podrías hacerlo sin la tecnología que subyace. Además, buscas tecnología para poder hacer más y más, que no necesariamente mejor.

Esas dependencias...!

He llegado a escuchar a algunos jóvenes quejarse porque sin teléfono móvil no es posible quedar con los amigos para salir un sábado: ¡Siempre quedamos por Whatsapp! o ¡Mi libreta de contactos está dentro del móvil y lo he perdido!

La tecnología facilita, a la vez que limita, porque aun cuando dilata el campo de acción y extiende las fronteras, genera nuevas dependencias. Así, que podemos decir: ¡Qué bonito es todo, cuando todo es bonito!

Suena a retórica tautología, ¿verdad? No insistas, lo sé. Lo es. Solo en estas condiciones de comoditización tautológica es donde la tecnología nos proporciona una temblorosa seguridad.

Tu mundo redondo y cíclico -tu cuadro- se ha ido poblando de personajes: tu tableta, tu teléfono inteligente, tu ordenador personal, tus nubes, tu blog, tu twitter, varias conexiones a Internet, etc. Has ido doblegando las actividades hasta conseguir que las herramientas parezcan hechas expresamente para tu necesidad y no te das cuenta de que te duele, de que tienes el cuello torcido.
Eso sí, con mucho colorido, pero en la antesala de la tortícolis.

Te falta un elemento que te proporcione la verticalidad: El brazo seguro y firme de la silla. Has conseguido una composición circular que comenzará a girar en cualquier momento escapando a tu voluntad como rodaría el cuadro de Rafael sin su contexto de verticalidad.

Tú eres más importante que la tecnología que usas: ahí tienes tu silla. O, dicho de otro modo, tu conexión a tierra. Ahora ya eres autónomo para que la tecnología, como el automóvil, no te de calambre.

¿No te convence esto que afirmo? Mira el siguiente vídeo y disfrútalo. No soy yo contrario al uso de la tecnología; insisto, me da de comer; pero me agota la prepotencia de ese exhibicionista snobismo tecnológico.


Alfredo Abad Domingo.
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2 comentarios:

  1. Muy buen ejemplo para mostrar el paralelismo con el mundo de los media. Personalmente no estoy en contra del uso de dispositivos como tablet o smartphone: son buenas herramientas. Lo que ya no me gusta y me parece perjudicial el absolutismo con el que se imponen en las vidas de muchas personas, generando unos estados de dependencia que rayan lo patológico. Creo que es buenos cultivar en nuestras vidas espacios de silencio que nos ayuden a ser más dueños de nosotros mismos. La tecnología es siempre un medio, nunca un fin.

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  2. Muy buen artículo. Pone sobre la mesa un tema clave. La tecnología así como la ciencia que la crea son herramientas para su uso de acuerdo a la necesidad de cada uno. "Normalmente" sucede lo contrario, la tecnología usa a la gente, crea dependencia, esclaviza. Eso sucede cuando la persona desconoce lo que quiere, y las consecuencias de lo que quiere. Es ahí que la tecnología perjudica a la persona. La raíz está en la educación, que falta, y la que existe generalmente está estructurada y se hace esclava de un uso sin rumbo ó control de la tecnología.

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