viernes, 25 de abril de 2014

Google Glass para ciegos y guías de ciegos

Acabamos de ser percutidos con el lanzamiento de las Google Glass, elemento tecnológico que abre las puertas a la integración de la realidad con el acceso a datos sobre la misma en tiempo real: un amalgama entre la realidad virtual, realidad aumentada y la Internet de las cosas que se presenta como verdaderamente prometedor, aunque todavía a un precio muy elevado. Claro, que son solo los comienzos.

¡No se basta la realidad a sí misma, que necesitamos añadirle nuevas informaciones! No es crítica, todo lo contrario, pero antes de incorporar valor añadido informativo a la realidad podríamos abrir los ojos para llenarnos de lo que tienen delante, con esa plenitud que los clásicos llamaron contemplación.

Aquí te dejo una infografía realizada por el Centro de innovación del BBVA que nos hace una radiografía de la tecnología Google Glass. Su estudio detenido enriquecerá sustancialmente al lector.

Radiografía de Google Glass (Fuente: Centro de innovación del BBVA).

Google Glass nos ayudará significativamente comprender lo que hay más allá de la realidad simplemente percibida, pero animo al lector a que haga un ejercicio de reflexión sobre lo que ve en el mundo sin necesidad de gafas que le virtualicen su entorno. Por ejemplo, también dejo un mapa de la distribución del hambre en el mundo: para saber que hay hambre por todos sitios no son necesarias unas Google Glass.
También es cierto que la superposición de este mapamundi como realidad informativa añadida a la vista de un globo terráqueo no podría hacer más solidarios y en esto, Google Glass tiene mucho que aportar.
Puede que una vez más, la tecnología venga en auxilio de la solidaridad, aunque solo sea por la insistente percusión informativa. Con algo más de suerte dejaremos de ser ciegos y ello nos brindará la oportunidad de poder contemplar una realidad más amplia abandonando nuestro oficio de guía de ciegos.

Mapa del hambre silenciada en el mundo.

Podríamos considerar del mismo modo que no solo son gestionables las necesidades físicas, materiales o fisiológicas. Las realidades morales, intelectuales o espirituales también están amenazadas, como lo demuestra la siguiente infografía:
Persecución de cristianos en el mundo en 2013 (Fuente: www.worldwatchlist.us)

Decia  Víktor Frankl que «Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.» 

O. en su versión más sencilla: "Es sencillo ser feliz, lo difícil es ser sencillo" (Mario San Miguel, cantante).

Alfredo Abad Domingo.
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jueves, 17 de abril de 2014

De la avaricia y otros remordimientos

Frecuentemente el sufrimiento humano es la manifestación de una vida llena de tensiones. El desequilibrio puede provenir de agentes externos que agreden modificando las circunstancias o del interior del sujeto.
Las injerencias exteriores nos hacen conscientes del dolor, pero las que provienen del interior nos dañan sin dejar rastro en la consciencia aunque no se inhiben en la conciencia.

Un buen ejemplo lo tenemos en la avaricia, de la que Jean de La Fontaine (escritor y poeta francés del siglo XVII), afirmaba que lo pierde todo por quererlo todo. El remordimiento interior que produce la avaricia no solo es tan inconsciente como agresivo. Ya en nuestro siglo, pienso que es lo que significaba Francisco Ayala cuando decía que "La avaricia es la más desinteresada de las pasiones, ya que exige una abnegación, a veces de magnitud heroica".
Y no solo eso, sino que el avariento suministra -sin querer- combustible para los celos, que no son sino una mezcla explosiva de amor, odio, avaricia y orgullo: todo un séquito de vanidades.
En la vida profesional la avaricia se manifiesta como reserva cautiva de conocimientos y experiencias. Miguel de Unamuno (filósofo español del siglo XX) se refería a ello cuando afirmaba que "Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos".
Tecnológicamente hablando la tendencia de software libre intenta atenuar este tipo de comportamiento avariento.
Y si quieres profundizar sobre el daño que produce la avaricia, te diré con San Bernardo de Claraval que no es sino "un continuo vivir en la pobreza por temor a ser pobre".

Querido lector, ¿te compensa la avaricia?


Alfredo Abad Domingo.
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miércoles, 9 de abril de 2014

La mejor red social es tu gente de toda la vida

Las redes sociales representan el núcleo duro de la web 2.0, ya que su idiosincrasia se basa en la actividad de los usuarios que se registran en ellas. La participación es siempre interesante, pero debemos plantearnos asuntos más concretos: participación ¿sobre qué?, participación para relacionarme ¿con quién?, y aun así… ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿desde dónde?, ¿para qué?

¡Cuántas veces se quejan los docentes de la falta de participación de sus alumnos en clase! 

Frecuentemente, los planes de tutoría se centran en estimular la participación activa de los alumnos. En las programaciones didácticas de las diferentes asignaturas, los profesores programan actividades cuyo objetivo es provocar a los alumnos para que establezcan relaciones con los demás, aprendan a debatir o a respetar las opiniones de los otros, aunque sean diferentes de las propias, etc. Participar es bueno e Internet invita a hacerlo mediante herramientas que estimulan la participación activa de los internautas.

Si eres padre o tienes a cargo a menores, ¿cuántas veces has advertido a tus hijos de que no deben relacionarse con desconocidos? Y entonces, ¿por qué no lo haces cuando la relación se establece a través de Internet, sabiendo que ese medio protege el anonimato de un hipotético delincuente? Espero que esta pregunta no te alarme inútilmente, pero te haya puesto en guardia.

Y en cualquier caso, recuerda que sin despreciar las digitales, la mejor red social es rodearse de tu gente de toda la vida.

[Textos tomados del libro "Familias digitales"  publicado en Editorial Palabra.]

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martes, 1 de abril de 2014

El frasco de las esencias: la integridad


Dicen que el mejor negocio es comprar a un hombre por lo que vale y venderlo por lo que él piensa que vale.
No sé si es así, pero lo que se me hace evidente es que a todos nos ocurre que imaginamos valer más de lo que los demás piensan que valemos. Tenemos una cierta tendencia a considerarnos mejores de lo que realmente somos.

Con frecuencia establecemos nuestro propio valor por lo que hacemos, por lo que representamos, por lo que tenemos. Y entonces, erramos el tiro.
Ya en el siglo I Juvenal, poeta satírico romano, afirmaba que "la integridad del hombre se mide por su conducta, no por sus profesiones".

También observamos que no siempre nuestra conducta es recta. En ocasiones no nos salen las cosas como queremos que nos salgan. Ni siquiera podemos garantizar querer hacer las cosas con rectitud. Hacer el bien exige aprendizaje, además de querer hacerlo. Séneca, filósofo latino contemporáneo de Jesucristo, se formulaba la siguiente pregunta retórica: ¿Qué importa saber lo que es una recta si no se sabe lo que es la rectitud?

Cuando nos proponemos vivir en cualquier circunstancia una vida recta disponemos nuestros pasos hacia la altiplanicie de la integridad. La mirada de otros no perturbará nuestro buen hacer ni nuestro bien pensar, sobre todo porque "sólo el hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y reconocer sus errores" (Benjamín Franklin).

Ahora, querido lector, ¿te atreves a destapar el frasco de las esencias de tu propia integridad?

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