martes, 30 de julio de 2013

¿Cómo era la vida sin movilidad?

Una entrada ligera para un entorno veraniego.
¿Cómo era la vida cuando no teníamos móviles?
Porque, efectivamente, la entrada no puede ser más ligera pero ¿a que te lleva a pensar? ¿a que siembra dudas?

No está prohibido reflexionar, tampoco en verano.
¡Feliz travesía estival!



Alfredo Abad Domingo.
Google+: google.com/+AlfredoAbadDomingo
Twitter: @AlphesTIC,  https://twitter.com/AlphesTIC 
Facebook: https://www.facebook.com/alfabad 
Linkedin: http://www.linkedin.com/in/alfabad

martes, 23 de julio de 2013

¿Cómo escapar del valle de la muerte de la educación?

Escena habitual del Valle de la Muerte.
Dedico este articulo a cuantos son y se sienten profesores, a quienes con estas reflexiones pretendo rendir homenaje.
Leyendo en TED me encontré hace unas semanas con un vídeo de Sir Ken Robinson que me impactó en su momento. A lo largo de los días siguientes le he ido dado vueltas a su contenido y me ha parecido interesante compartirlo y reflexionar sobre él.
Sir Ken Robinson resalta algunos principios fundamentales -dice TED- que hacen prosperar a la mente humana y cómo la cultura educativa actual trabaja en contra de ellos. En una presentación graciosa y estimulante nos cuenta cómo escapar del «valle de la muerte» educativo que ahora enfrentamos y cómo educar a nuestras generaciones más jóvenes en un clima de posibilidades.

Robinson apuesta fuertemente, no sin razón, por la personalización de la educación, es decir, por hacer que el aprendizaje sea humano. Las jugosas ideas que propone en el vídeo combinadas con el sentido común y una cierta dosis de espíritu crítico derivan en otras apreciaciones que me gustaría compartir y discutir contigo, querido lector.



Otra alternativa con subtítulos en español la tenéis en la página de TED.

¿Qué hace que los centros educativos no puedan poner en marcha fácilmente esta ideas?

Los centros educativos deben someterse al sistema educativo que proponen las leyes vigentes y tienen poca o ninguna autonomía para alterarlos sin exponerse a sanciones.
Además, si intentan alterar el proceso de aprendizaje tienden a hacerlo para todos los alumnos y profesores indistintamente, con lo que caen en el mismo error que critican, por ejemplo, a no todo el mundo le viene bien la enseñanza tradicional como no a todo el mundo la educación mediante tecnología; a algunos les viene mejor la enseñanza personal o en grupos reducidos, mientras que a otros les conviene integrarse en grupos más amplios; no todos los contenidos, actitudes o destrezas se adquieren bien por el mismo procedimiento.
Por si esto fuera poco, las empresas educativas exigen una alta cualificación de su profesorado, pero de ordinario no están dispuestas a mover un solo dedo por intervenir en su proceso de cualificación.
¿No lo crees así?, pregúntate: ¿Tiene tu escuela un programa cualificado de gestión del talento? ¿Las pruebas que se realizan sobre experimentos educativos en las aulas incorporan información estadística para poder valorar los resultados obtenidos? ¿La gestión de RRHH es una pura gestión de nóminas o hay una sana preocupación por premiar las competencias adquiridas por los docentes?

¿Qué hace que los educadores no se atrevan a alterar sus métodos de enseñanza?

Se me ocurren varios factores. El primero de ello, que suponga una "discriminación" positiva o negativa en el trato con alumnos. Lo refleja muy bien el vídeo propuesto cuando Ken Robinson se pregunta si los padres tienen que arbitrar algún mecanismo excepcional (código de colores) para distinguir entre sí a sus hijos.

En segundo lugar, las escuelas no suelen permitir estos cambios y, si los permiten, lo hacen de acuerdo con un patrón diseñado por la propia empresa-escuela que suele nacer del marketing y no tanto de la eficacia que se pretenda conseguir.
Insisto, los cambios suelen ser alteraciones del paradigma aplicable a todos por igual y no una investigación operativa de qué cambiar, en quién, dónde y cuándo.
Por último, el profesor sobre todo en enseñanzas profesionales o preuniversitarias deberá medirse con sus homólogos con un patrón de referencia que se ciñe exclusivamente a contenidos y que sus alumnos deberán aprobar necesariamente para no quedar excluidos del sistema educativo.
¿No te lo crees?, pregúntate: ¿Conocen los gestores o jefes de estudios lo que hacen los docentes en las aulas, qué métodos emplean, qué recursos utilizan? ¿Se analizan las estadísticas emanadas de las evaluaciones? ¿Hay una preocupación por la actualización de los programas educativos? ¿Se adecuan los contenidos a las necesidades de las empresas que absorberán en el futuro la fuerza laboral?

¿Qué hace que los gobiernos u organizaciones gubernamentales inmovilicen sus sistemas educativos?

En primer lugar, su lejanía de la vida real. Una cosa son los despachos y otra, muy distinta, las aulas. Los niveles políticos son promotores de pautas de servicios educativos o gestores de recursos, nunca agentes de aprendizaje.
Es difícil que los órganos políticos dejen de caer en la tentación de convertir la educación en una llave de poder.
Otra dificultad, emanada de la globalización, reside en la necesidad de establecer las equivalencias de nivel educativo entre los distintos países que hace que tengan que fijar unas referencias objetivas y comunes para todos, lo que se opone a la personalización de alguna manera.
¿No te lo crees?, pregúntate: ¿Por qué las leyes educativas pasan una sobre otra sin grandes repercusiones sobre el universo educativo? Sin dejar de ser muy importante, ¿por qué las más intricadas discusiones se establecen en torno a la financiación, cómo afecta al centro educativo, cuáles serán las cuotas de poder en el consejo escolar u otras organizaciones, cuáles serán las titulaciones, etc.; y, sin embargo, se plantea mucho menos qué beneficios traerá sobre el alumno o cómo afectará al trabajo ordinario del profesorado?

¿Qué hace que las empresas u organizaciones productivas no compartan este modelo educativo de una manera mayoritaria?

En el caso de las empresas educativas, la razón más íntima es que deben competir con otras escuelas y deben obtener los mejores resultados, pero ¿qué significa mejor? Mejor, en este caso, es la mayor calificación respecto de un baremo establecido previamente, y externo a ellas. Y, este baremo, no está precisamente personalizado puesto que de lo contrario no serviría como herramienta de comparación.
¿No te lo crees?, pregúntate: ¿Es justo comparar los resultados de centros educativos de similares características? Pienso que sí. Pero, ¿sería justo comparar centros educativos a los que acudan alumnos de muy diferente nivel? No. O, mejor, sí es justo, pero la conclusión no sería útil en este último caso. Porque ¿qué significa "resultados"?, o lo que sería más completo y útil: ¿Qué significa calidad?
Podemos preguntarnos ¿por qué en la mayor parte de los centros educativos que imparten Bachillerato, éste es de las enseñanzas que mejor funcionan? Quizás, porque tienen después la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad), que uniforma a todos los alumnos de un territorio y que, por tanto, sirve de elemento comparador objetivo entre centros. Claro, que esto es precisamente lo más opuesto a la enseñanza personalizada.

Algo parecido puede ocurrir con los centros educativos que sustituyen el proceso de aprendizaje tradicional por otro repleto de tecnología sin que medie una adaptación sistematizada al nuevo paradigma educativo -que subyace a las características del alumno o de su entorno- sino que más bien perpetran una sustitución total de método.
Supondría una continuidad en el mecanicismo educativo anterior, aunque se haya sustituido un medio por otro: el papel por la tableta.
En el caso del resto de empresas, receptoras de la nueva fuerza laboral emanada de las escuelas, requieren contenidos, destrezas y actitudes demostradas mediante certificaciones, que en innumerables ocasiones no son las que proveen los sistemas gubernamentales de enseñanza -señal cierta de que no se fían de ellos- y que obligan a los alumnos a cantar una doble melodía superpuesta sobre el mismo pentagrama: la oficial y la profesional, ambas de interés pero no siempre acompasadas, lo que al oído sensible produce terribles desarmonías.

Y, entonces, ¿qué hacemos?

Si tú, lector, has sacado la idea de que estoy en contra de la personalización de la educación, estás profundamente confundido. Y si piensas que esta personalización no está extendida en el universo educativo, también te equivocas, porque la mayor parte de la formación continua -del trabajador en su puesto de trabajo- es no solo personalizada, sino auténticamente personal. Y la mayor parte del profesorado tiene experiencia abundante sobre personalización, no tanto de la instrucción como de la educación.
Sin embargo, sí pienso que la personalización de la educación requiere una acción estructural profunda para que llegue a ser eficaz.

Valle de la Muerte, después de algo de lluvia.
Nadie duda de que en el Valle de la Muerte hay semillas enterradas bajo la superficie polvorienta, las hay y muchas, pero no se ponen de manifiesto mientras no cae alguna precipitación.
Las semillas educativas están sembradas en nuestros educadores, -el secreto del éxito, dice Robinson, reside en los profesionales de la educación, los profesores- hay muchos que van poniendo sus experiencias en marcha sin publicidad alguna para no tener que enfrentarse a otros problemas laterales (algunos de los cuales hemos mencionado), pero desde los diferentes despachos (políticos, empresariales, colegios) sería de agradecer algo de lluvia.
Por eso desde aquí, a esos profesores que por su trabajo esforzado permanecen tan profundamente arraigados en las tierras polvorientas, con un respeto cercano a la veneración les rindo pleitesía.

Alfredo Abad Domingo.
Google+: google.com/+AlfredoAbadDomingo
Twitter: @AlphesTIC,  https://twitter.com/AlphesTIC 
Facebook: https://www.facebook.com/alfabad 
Linkedin: http://www.linkedin.com/in/alfabad

Entradas relacionadas:

viernes, 19 de julio de 2013

Movilidad (y X): incidencia en las empresas

Indicencia de las tecnologías móviles en la actividad empresarial

Continuamos con el último post de esta serie de 10 sobre movilidad subtitulados "La sustantivación técnica del adjetivo",  que pretende estudiar el estado de las tecnologías móviles actuales y que invita a la reflexión sobre el impacto que tiene la aplicación de la movilidad TIC sobre la sociedad y el quehacer cotidiano. El subtítulo es, cuando menos, intrigante; pero espero que conforme avance el desarrollo de estos artículos, el lector avispado se irá persuadiendo del significado profundo que subyace de él.
El índice que desarrollaremos será el siguiente:
  1. Introducción: las tres tendencias tecnológicas actuales.
  2. Los servicios basados en la nube.
  3. La convergencia de las comunicaciones.
  4. El fenómeno BYOD y la consumerización.
  5. Los nuevos dispositivos móviles.
  6. Las nuevas necesidades de los usuarios con movilidad.
  7. El nuevo "socialismo digital": un cambio en el paradigma social.
  8. Movilidad y aprendizaje.
  9. El utilitarismo de la compulsión postmodernista.
  10. Incidencia de estos cambios en las empresas (este post).

(Post 10/10 de la serie Movilidad TIC: la sustantivación técnica del adjetivo).

En el sector editorial, por ejemplo, los cambios son sustanciales y se centran sobre todo en la producción de contenidos pero se alejan del papel, lo que quiere decir que no es una ventaja transversal ni mucho menos: ¿qué van a hacer las empresas gráficas, desplazarse hacia el negocio de gestión de contenidos propios de las grandes editoriales?

Según la prensa especializada, para la mayoría de las empresas la duda es si dotar a sus empleados de tabletas o de portátiles. En poco tiempo esta duda será razonable, pero ahora mismo no. La tableta parece más apropiada para tareas de supervisión, pero es insuficiente en las tareas de creación profesional. En muchos casos la implantación de tabletas es una cuestión de imagen más que productividad.

Es verdad que a las tabletas actuales se les pueden acoplar accesorios que les asemejen más a los portátiles, pero entonces pierden todas sus características específicas y conseguimos convertirla en un portátil de muy baja gama. Tiene sentido trabajar con tabletas en un medio de transporte, en un aeropuerto, etc., pero es más productivo un portátil en la sede de una oficina o en el teletrabajo. Se dice que la tableta es un dispositivo de sofá, pero no de mesa de escritorio. Insisto en que esta es una opinión derivada del contexto histórico de aquí y ahora; pero en Informática todo puede cambiar en pocos meses.

Por otra parte, como ya hemos visto antes, las aplicaciones no son las mismas en una tableta que en un laptop. Si vamos a utilizar el dispositivo móvil desde nuestro lugar habitual de trabajo para hacer una conexión remota y utilizar una aplicación empresarial que se ejecuta en un servidor a golpe de ratón y teclado,
¿qué sentido tiene el dispositivo móvil una vez realizada la conexión si solo utilizamos de él precisamente eso, su capacidad de conexión?
Lo inteligente es buscar una solución intermedia entre las tabletas y los portátiles, en la línea de los ultrabooks, todavía muy caros, o las tabletas profesionales de alta gama y aquí es donde Surface, la tableta profesional de Microsoft tiene abiertas sus posibilidades en el mundo empresarial de la movilidad.


Como estas soluciones están aún recién nacidas, habrá que esperar unos meses para evaluar cómo se van decantando tanto el mercado como los desarrolladores. Estamos en una situación tecnológica en donde, si se puede, merece la pena esperar, salvo en el entorno del consumo de ocio y entretenimiento en donde este camino ya ha sido recorrido por las videoconsolas.

La crisis empuja a las empresas a la novedad y el ritmo de vida actual relaciona la novedad con el éxito, por eso hablamos tanto de innovación, pero la relación de la felicidad con el éxito no es algo nuevo en la Historia: lejos de todo matiz peyorativo, podríamos decir que es una raíz heredada de la cultura calvinista.

Si nos fijamos en las aplicaciones, el sudor se enfría. La Figura 6 presenta una estadística de descargas de aplicaciones para iOS y Android en 2012 . Parece que el interés de los usuarios en las Apps no está precisamente en la productividad y sí en el entretenimiento.

Por eso, volvemos a la duda: ¿deben las empresas permitir el uso indiscriminado de BYOD en el entorno laboral? Es evidente que la respuesta se aleja de un sí o un no tácticos, la solución adecuada exige una reflexiva estrategia.
Figura 6. Estadística de descarga de Apps en entornos iOS y Android en 2012 (Fuente The App Data, febrero 2012).

Alfredo Abad Domingo.
Google+: google.com/+AlfredoAbadDomingo
Twitter: @AlphesTIC,  https://twitter.com/AlphesTIC 
Facebook: https://www.facebook.com/alfabad 
Linkedin: http://www.linkedin.com/in/alfabad
Artículo "Tecnologías para la movilidad. La sustantivación técnica del adjetivo". Escrito originalmente y publicado en Escenario 2012. Instituto Tecnológico y Gráfico Tajamar. ISBN: 978-84-88543-12-7. Copyright 2012 by Alfredo Abad. Se otorga licencia de reproducción citando al autor y revista de publicación original.

sábado, 13 de julio de 2013

"People Tagging" (3 de 3): diagnóstico y terapia

Detección y terapia del "people tagging"

En el primer post (1/3) habíamos señalado el significado del "people tagging", lo que significaba etiquetar a las personas y cuál podría ser la función del coach para conseguir liberar al coachee de una emoción limitante.
En el segundo post (2/3) de esta serie nos preguntamos ¿qué beneficios se obtienen practicando el tagging? Y, ¿a quién perjudica esta maquiavélica actividad?
En este tercer y último post nos centraremos en la detección y terapia del tagging.

Y tú, ¿practicas el people tagging?

Probablemente, sí. ¿Lo haces conscientemente? Probablemente, no. ¿Es posible mejorar esta habilidad de relación con los demás? Absolutamente: basta con rectificar algunos de tus hábitos, pero antes hay que detectarlos.
Comencemos por el diagnóstico para continuar con una sencilla terapia. Puedes hacer el sencillo experimento que te propongo examinando la relación con algunas personas de tu alrededor, una a una.
  1. Una vez elegida una de ellas, escribe en un papel su nombre y haz tres columnas tituladas: "lo que pasa", "lo que pasaría" y "anotaciones".
  2. A continuación, escribe en la primera columna "lo que pasa" la lista de las cosas que no le permites a esa persona en su relación contigo. Por ejemplo, no le permito que me dirija la palabra, o no consentiría en comer con ella, o nunca haría un viaje en común, o nunca le prestaría dinero, etc.
  3. Ahora escribe en la columna de anotaciones las razones por las que has escrito lo que registraste en la primera columna: no quiero que me dirija la palabra porque es mentirosa, no comería con ella porque es avarienta y nunca paga la cuenta, no haría un viaje con ella porque es chabacana, nunca le prestaría dinero porque dilapida sus bienes, etc.
  4. Ahora, lector, entorna los ojos e imagina el mundo de relaciones que te rodean sin esas etiquetas, para escribir -despacio y con sinceridad- en la segunda columna lo que le consentirías a esas personas si no hubieras tenido esos encuentros negativos con ellas o no te hubieran llegado esas informaciones menos positivas sobre ellas.
  5. Seguidamente, analiza las diferencias entre la primera y segunda columna: ¿encuentras diferencias entre lo escrito en esas dos primeras columnas? ¿Sí? Acabas de detectar un comportamiento tuyo condicionado a la percepción que tienes de una persona. La tercera columna te indica el "tag" con que tienes etiquetada a esa persona.
  6. Ahora haz eso mismo con varias personas. Obtendrás un folio por cada una de ellas. Pon en común todos los folios y observa si hay algún tag (tercera columna) que aparece ligado a varias personas. Seguro que, si has aplicado bien el método de este procedimiento, encuentras varios. Ya has encontrado una etiqueta que aplicas a varias personas.
  7. Por último reflexiona sobre la etiqueta y las personas a las que se la aplicas ¿a que notas que tienes un comportamiento común con todas ellas? ¿a que no te importa tanto quién sea cuanto a qué grupo o etiqueta pertenecen?
Con este diagnóstico ya estás preparado para prepararte una vacuna. Cuando conozcas nuevas personas, ve prevenido de que es muy probable que en un primer encuentro etiquetes a esas personas con una de esas etiquetas de tu tercera columna.

Desde el punto de vista emocional, el hábito a desarrollar es el de suspender siempre el juicio, salvo que profesionalmente tengas que hacer una valoración.
Y, en ese caso, valora los hechos y no a las personas.
Serás mucho más feliz y te evitarás muchos disgustos.

Y si eres jefe, ¿entonces, qué?

Si eres jefe, entonces la habilidad de no etiquetar a las personas no es una opción para ti: lo tienes como una exigencia indiscutible. ¿Sabes por qué? Porque tienes poder para realzar y para hundir a las personas que dependen de ti. Si lo haces bien y tratas bien a las personas, tu potestad se convertirá en autoridad, sabiduría reconocida.
Si efectivamente tienes mando sobre otras personas tendrás que saber exigir como corresponde a tu cargo lo que es exigible en tus subordinados.

Por ello, estás especialmente expuesto a colgarles sambenitos a tus empleados y en vez de luchar y ayudarles a mejorar sus cualidades, les conducirás al abandono y se retrotraerán a sus costumbres habituales o, incluso, se radicalizarán en ellas.

Por tanto, etiquetarles significa abandonarles, lo que acrecentará abismalmente la distancia que mantienes con ellos, y ello no es bueno ni para la productividad de la empresa, ni para mejorar las relaciones personales, ni para conseguir que las personas sean felices.

Ten en cuenta que el principal responsable -no con necesidad, pero muy probablemente- de que un subordinado tuyo no sea feliz haciendo su función profesional eres tú, su jefe: bien personalmente, bien por la relación que él percibe que mantiene contigo o bien porque él también te ha etiquetado a ti.

Si él percibe que no puede confiar en ti, es hora de que tengas en cuenta el aforismo popular:
"Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto".


Alfredo Abad Domingo.
Google+: google.com/+AlfredoAbadDomingo
Twitter: @AlphesTIC,  https://twitter.com/AlphesTIC 
Facebook: https://www.facebook.com/alfabad 
Linkedin: http://www.linkedin.com/in/alfabad

domingo, 7 de julio de 2013

Movilidad (IX):el utilitarismo de la compulsión modernista


El utilitarismo de la compulsión postmodernista



Continuamos con este noveno post, esta serie de 10 artículos sobre movilidad subtitulados "La sustantivación técnica del adjetivo", que pretenden estudiar el estado de las tecnologías móviles actuales y que invitan a la reflexión sobre el impacto que tiene la aplicación de la movilidad TIC sobre la sociedad y el quehacer cotidiano. El subtítulo es, cuando menos, intrigante; pero espero que conforme avance el desarrollo de estos artículos, el lector avispado se irá persuadiendo del significado profundo que subyace de él.
El índice que desarrollaremos será el siguiente:
  1. Introducción: las tres tendencias tecnológicas actuales.
  2. Los servicios basados en la nube.
  3. La convergencia de las comunicaciones.
  4. El fenómeno BYOD y la consumerización.
  5. Los nuevos dispositivos móviles.
  6. Las nuevas necesidades de los usuarios con movilidad.
  7. El nuevo "socialismo digital": un cambio en el paradigma social.
  8. Movilidad y aprendizaje.
  9. El utilitarismo de la compulsión postmodernista (este post).
  10. Incidencia de estos cambios en las empresas.

(Post 9/10 de la serie Movilidad TIC: la sustantivación técnica del adjetivo).


La mayor parte de la formación online sigue pedagogías constructivistas o conectivistas en las que el conocimiento se construye en las interacciones entre los estudiantes cuando se enfrentan a unos contenidos. La Web 2.0 y los procesos de movilidad fomentan este tipo de interacción educativa, que se puede extender al quehacer profesional.

A priori, esta metodología tiene mucho interés, pero desde el punto de vista humano no es ni mucho menos aséptica. Exige una reflexión seria para aprovechar lo que tiene de bueno sin dejarse llevar por modernismos (snobismos, podriamos decir) que puedan hacer ineficaz la labor educativa o profesional por un fallo en la concepción epistemológica de estos quehaceres.

Desde el “cogito ergo sum” (pienso, luego existo) de Descartes  la verdad se desplazó de las cosas al pensamiento: la verdad no reside en las cosas que nos rodean sino que la realidad es pensada. Simplificando extraordinariamente, la realidad es inmanente al sujeto que la piensa. Esta tendencia filosófica sirve de base para el racionalismo de Kant y posteriormente para el idealismo de Hegel, amén de muchos otros movimientos filosóficos derivados y de la mayor parte de los totalitarismos.

Pero hay otra corriente filosófica menos divulgada, pero que a nosotros nos interesa más por la relevancia que actualmente tienen sus consecuencias. A principios del siglo XVIII, el filósofo italiano Giambattista Vico  desplaza la verdad, no ya sobre lo que las cosas son como decían los escolásticos, ni siquiera sobre el pensamiento racionalista, sino que identifica lo verdadero con lo que nosotros mismos hacemos. Sólo puede ser verdadero aquello que realizamos, el factum, según su famoso aforismo “Verum et factum reciprocantur seu convertuntur” (lo verdadero y lo hecho es convertible, es decir, coinciden).
Haciendo un paralelismo entre Descartes y Vico, de algún modo podríamos afirmar que hemos pasado del “cogito ergo sum” (pienso, luego existo) de Descartes al “facio ergo sum” (hago, luego existo) de Vico.

Hay una radical conversión del hombre hacia su propia obra como a lo único que puede conocer . Esto puede parecer poco relevante, pero tiene unas consecuencias de vital importancia porque desplaza el permanecer-comprender de una verdad inmutable que es aprehendida por el sujeto a un saber-hacer en donde no importa demasiado qué es exactamente lo que conozco sino la acción misma de conocer.

Para Vico solo son posibles dos ciencias: la Matemática como objeto “producido” por la razón del hombre y la Historia como relato de los “actos” humanos, lo que influirá posteriormente de algún modo en la concepción de la Filosofía de la Historia del marxismo.

Este saber-hacer es el famoso know-how de las técnicas pedagógicas actuales y que tanto se valora en las empresas y en las escuelas de negocios. Hay que reconocer que la filosofía de Vico hunde sus raíces en un profundo escepticismo, que fructifica en el relativismo dominante en la cultura postmodernista actual.

Resumiendo, desde este punto de vista al relativismo no solo se puede llegar por la vía de inmanencia del pensamiento, sino por la idolatría del know-how más propio de una mentalidad utilitarista. Los hábitos operativos que se generan inconscientemente son impresionantes: el 70% de los usuarios de tabletas solo son capaces de esperar dos segundos para que se abra una página web y en caso contrario abandonan.

Tecnología disruptiva y constructiva

¿Qué tiene que ver todo esto con el tema que nos ocupa en este artículo? Mucho más de lo que parece a priori. Ya hemos visto cómo las tecnologías de movilidad promueven entornos de producción y aprendizaje basados en la relación (algo que se establece, que se hace) en donde...
 ...importan menos las personas que la relación en sí misma (parte del constructivismo y la totalidad del conectivismo) y en donde no importan tanto las informaciones cuanto la forma en que se consumen o la tendencia a autofabricarse los propios contenidos, porque solo lo que yo construyo es verdaderamente fiable. Es una consecuencia más de que disponer de mucha información (todo Internet) produce una gran desinformación, es decir, corremos el riesgo de caer en lo que actualmente se llama infoxicación.
Esto redunda en la idea de que en e-learning o en flipped-classroom, la figura del profesor no solo no se desvanece sino que cobra nuevo bríos salvo que solo interese el know-how, en cuyo caso la formación se ha degradado a la adquisición de un conjunto de destrezas, que no de hábitos intelectuales ni del desarrollo del espíritu crítico: el profesor pierde su característica de localidad geográfica con respecto del alumno, pero a cambio adquiere muchas otras facetas que el docente tradicional ni siquiera sospechó.
Por eso, estas técnicas didácticas contribuyen a una nueva socialización digital que exige tanto arrojo como prudencia para que las revoluciones disruptivas no sustituyan a las evoluciones constructivas.
Ahora estamos en disposición de comprender con profundidad el deslumbrante efecto de novedad de las redes sociales y los nuevos síndromes digitales que los gabinetes psicológicos y psiquiátricos han empezado a diagnosticar. ¿Son peligrosas las redes sociales e inútiles las nuevas metodologías didácticas? No necesariamente. ¿Son inocuas? Tampoco. No hay que pedir a Wikipedia más de lo que puede dar.

En el siguiente post (último de la serie): Incidencia de estos cambios en las empresas.

Alfredo Abad Domingo.
Twitter: @AlphesTIC,  https://twitter.com/AlphesTIC#CuriositaTICs
Facebook: https://www.facebook.com/alfabad 
Linkedin: http://www.linkedin.com/in/alfabad
Artículo "Tecnologías para la movilidad. La sustantivación técnica del adjetivo". Escrito originalmente y publicado en Escenario 2012. Instituto Tecnológico y Gráfico Tajamar. ISBN: 978-84-88543-12-7. Copyright 2012 by Alfredo Abad. Se otorga licencia de reproducción citando al autor y revista de publicación original.

lunes, 1 de julio de 2013

"People Tagging" (2 de 3): el perjuicio de etiquetar

Beneficios y perjuicios del "people tagging"

En el post anterior (1/3) habíamos señalado el significado del "people tagging", lo que significaba etiquetar a las personas y cuál podría ser la función del coach para conseguir liberar al coachee de una emoción limitante.
Una vez centrado el tema, podemos preguntarnos ¿qué beneficios se obtienen practicando el tagging? Y, ¿a quién perjudica esta maquiavélica actividad?

¿Qué beneficios obtenemos con el tagging?

Claro, una vez colgado el sambenito en el cuello de alguien, es mucho más fácil llegar a conclusiones concretas con él: basta con fijarse en lo que suelen  hacer los que comparten su penitencia. 

Y, por ser más fácil, también más cómodo para nosotros. 
Y, también, más injusto.

Cuando alguien ha hecho algo mal, por ejemplo, ha copiado las respuestas del examen de un libro decimos que es un mal estudiante. 
Y, efectivamente, puede que lo sea, pero no necesariamente. Lo único serio que podemos afirmar es que copió las respuestas de ese examen y que defraudó con ese acto al profesor que le examinaba: en ese examen no se comportó como un buen estudiante. Pero, en ese examen, solo en ese examen.

Si el estudiante rectifica -se le da una oportunidad- y ya nunca vuelve a copiar, y estudia, y saca buenas notas, ¿tendrá siempre encima la etiqueta de mal estudiante? No parece justo. Es como si se convirtiera en la percha sobre la que se cuelga la cualidad del error que cometió.
Sin embargo, si no somos capaces de ser dueños de nuestras emociones (inteligencia emocional), quedaremos protegidos del al autoritarismo de la mente que nos dice una y otra vez: "copió, luego es -y seguirá siendo- un mal estudiante". Y, siendo, que no es verdad, aunque sí verosímil, el etiquetado nos conducirá al error.

Todo por haber juzgado a una persona y haberla clasificado en una categoría general en vez de haber detenido estrictamente el pensamiento interior en la ejecución del acto concreto que invitó a deslizar sutilmente el pensamiento hacia donde no debía.
Pensar es más costoso que no pensar, decidir más que no decidir, rectificar más que perseverar en el error; pero, pensar, decidir y rectificar nos hace más libres. Más libres, incluso, de nuestros propios criterios, que no tienen por qué ser necesariamente la vara de medir la verdad. Eso sí; no pensar, no tener que decidir y no  rectificar el error es mucho más cómodo.
Pero, ¿quién o quiénes son los perjudicados cuando colgamos a alguien un sambenito? Esta será una reflexión de interés porque el coach tendrá que abrir caminos intelectuales y emocionales a sus coachees para que puedan revertir situaciones anómalas.

¿A quiénes perjudica el tagging?

Anteriormente hemos reflexionado sobre cómo el resultado de un acto concreto puede acabar en un proceso mental de asignación de una etiqueta (sambenito) al agente del acto por parte de un observador externo. Este etiquetado consiste en atribuir una cualidad (buena, mala o, sencillamente, aséptica) a una persona en virtud de unos actos concretos, quizás, incluso puntuales.

Si el acto atribuido es un acto que consideramos "malo", caben distinguir dos casos posibles: que la atribución tenga fundamento en la realidad (efectivamente aquella persona hizo algo mal o, incluso, sin hacer nada malo lo que de ella se revela perjudica su buena fama) o que la atribución se aparte de la realidad (aquella persona no tuvo nada que ver que ese acto, aunque se le atribuye falsamente).

En el primer caso hablamos de difamación; en el segundo, de calumnia.

Se hace evidente que el principal perjudicado de un tagging es quien ha sido etiquetado. El daño que se le hace depende de muchos factores, pero sobre todo de la propagación que se hace de la etiqueta que se le asigna (no es lo mismo un entorno personal que uno profesional, por ejemplo) y del prestigio que tenga la persona que hace pública la etiqueta que asignó al infeliz etiquetado o de quien la propaga aunque no haya sido originalmente suya.
  1. Si alguien me pone una etiqueta, pero ese alguien no es conocido o no tiene ninguna relevancia, el daño que me puede hacer es escaso puesto que los demás asumirán la categoría en que me incluyó en virtud de su prestigio o de la capacidad de resonancia en su entorno.
  2. La gravedad del acto atribuido no es necesariamente demasiado significativo aunque tampoco irrelevante, puesto que alguien que recibe la condición de criminalidad de otro, puede que no conozca exactamente qué crimen cometió: para quien recibe la oferta de etiqueta, todo criminal es un criminal, sin embargo, no es lo mismo asesinar a una persona que a varias.
  3. Por otra parte, si la propagación de la etiqueta es pobre, el daño realizado será menor que si se publicita en un programa de TV en horas de alta audiencia.
Pero quien es etiquetado no es el único perjudicado. Además se daña a quienes aceptan la oferta de etiqueta. La razón es bastante evidente: tomará como válido algo que no lo es, fiándose de quien le informa de la categoría en la que clasificó a esa persona.
Eso no quiere decir que le estén engañando, puesto que en la difamación no necesariamente hay engaño y en la calumnia no se exige que haya una intención de mentir, pero el perjuicio es real puesto que en cualquiera de los dos casos estaría recibiendo una información para ser tomada como válida de un modo general, cuando a lo sumo, es válida en casos particulares.

De este perjuicio nos podemos defender si construimos hábitos que nos lleven a rechazar cualquier etiquetado que quienes nos rodean pongan a nuestro alcance. O sea, que seremos perjudicados, solo si queremos.

Aunque no es tan evidente que el caso anterior, se puede afirmar que el rey de los perjudicados es el propio etiquetador. Claro, que también queda perjudicado porque quiere. De hecho, puede evitarlo sin más que abandonar su fea costumbre.
Pero, ¿por qué el etiquetador sale perjudicado? Porque pierde su autonomía mental para reflexionar a partir de los datos que la experiencia directa le proporciona.
El etiquetador suele ser una persona que decide de acuerdo con patrones establecidos por él o, lo que es peor, por otros. Carece de autonomía para cambiar las decisiones erróneas porque atribuye a los demás su propia responsabilidad, que reviste de una arquitectura de etiquetas que expliquen su ficticia realidad.

Por otra parte, se incapacita para cambiar, puesto que construye su propia realidad a la medida de su propio ecosistema cerrado de pensamiento.
Sus relaciones personales con los demás no están basadas en actos concretos, sino en suposiciones u opiniones venidas de terceras personas o de grupos de presión.
En resumidas cuentas, no es rentable etiquetar para el etiquetador. Aparte de lo contraético y antiestético de su actividad, frecuentemente inconsciente, en absoluto le merece la pena. Ten en cuenta que:

El acto de etiquetar es producto de un "egomomento".

Pero, ¿cómo se diagnostica el tagging? Y, ¿cómo se puede reconducir? En el siguiente post (3/3) daremos algunas ideas sobre el diagnóstico y su terapia.


Alfredo Abad Domingo.
Google+: google.com/+AlfredoAbadDomingo
Twitter: @AlphesTIC,  https://twitter.com/AlphesTIC 
Facebook: https://www.facebook.com/alfabad 
Linkedin: http://www.linkedin.com/in/alfabad


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...